La vida de Benito Juárez siempre será apasionante para nosotros los mexicanos. En la medida en que escarbamos en ella encontramos episodios apasionantes y ejemplos de sacrificio, patriotismo y emoción que nos dejan perplejos, sobre todo por las circunstancias tan aciagas que prevalecían en la República durante su gobierno. Pienso que hablar de ello es propicio porque nos permitirá por un momento alejarnos de los polémicos temas políticos que hoy cunden en la entidad.
En nueva York, Pepito, uno de los hijos de Benito Juárez, el más pequeño, yacía enfermo debido a los fuertes fríos que azotaban la región. México estaba en guerra civil y Juárez no podía viajar para estar al lado de Margarita. Matías Romero por encomienda de Juárez viajó por tren a Nueva York y junto con otros funcionarios de la embajada fueron a ver a Margarita y a su hijo enfermo. Los recibió su yerno Pedro Santacilia que vivía ahí con su esposa y tenía la encomienda de cuidar por la familia. El niño pepito acababa de fallecer. La temperatura rondaba los 12 grados bajo cero. La casa estaba sumamente fría. La leña y los víveres en general escaseaban. La vida en Nueva York era sumamente cara y Margarita contaba con escasos recursos. La escena era desgarradora. Margarita gritaba inconsolable abrazando el cuerpecito de su hijo. Don pedro tuvo que usar los muebles como leña para calentar un poco la casa. Margarita se opone a realizar los funerales de su hijo en esa ciudad ajena y decide embalsamarlo para llevarlo a enterrar a su natal Oaxaca. Pedro Santacilia entera de esto a Benito Juárez a lo que éste le replica que Margarita en su madre y sabe lo que hace. Era el mes de febrero de 1865 y Juárez se aparta una semana de su oficina en Chihuahua para sufrir la pena. Sus colaboradores lo animan y a la vez se asombran del temple de aquel indígena, es especial su Secretario de Hacienda José María Iglesias y su Secretario de Gobernación Miguel Lerdo de Tejada.
Juárez solía trabajar hasta pasada la media noche. Sin embargo, por el año 1870 cambió su hora de salida a las 6 de la tarde para pasar el resto del día con su esposa y su familia. Margarita había quedado desconsolada por la muerte de su hijo y las enfermedades empezaban a hacer mella en su humanidad. El matrimonio y sus hijos acostumbraban caminar por el Paseo de Bucareli junto con sus hijos. Los ciudadanos podían acceder directamente al Presidente. Los Juárez tenían una modesta casa en los límites de la ciudad, junto al Templo de San Cosme, en el número 4 de la calle Puente Levadizo. Juárez tenía cinco hijas: Manuela (apodada Nela por la familia) casada con Pedro Santacilia; Felícitas; María de Jesús casada con Pedro Contreras, de origen español; Margarita; Soledad y Josefa. Además el más pequeño era Benito de 13 años. Susana, la primera hija de Juárez cuya madre sa la primera pareja de Benito, había sido adoptada por Margarita y era parte integral de la familia Juárez-Maza. Nunca se casó.
En agosto de 1869 los médicos le dijeron a Juárez que la enfermedad de Margarita era progresiva y mortal. Al parecer era cáncer. El 2 de enero de 1871. Margarita recibió los Santos Oleos del cura del templo de San Cosme. Toda la familia se reunió se día incluyendo a Susana. Juárez estuvo allí desde las 10:00 horas. A las tres de la tarde Margarita le pidió a Juárez velar por Susana e hijas solteras. Juárez lloró y le dijo que se pondría bien. Margarita le pidió a Juárez cumplir con el deseo de sus hijas de casarse por la iglesia. A las 16:00 horas Margarita murió con una sonrisa. Juárez gritó de dolor. No quiso enviar esquelas; pidió a sus amigos que no lo hicieran y que manejaran el fallecimiento con discreción, Pero Sebastián Lerdo le dijo que no se podía hacer aquello porque era una mujer muy querida y los periódicos publicaron la noticia. El país entró en luto. Moños negros en muchas edificaciones. Se suspendieron las obras teatrales y manifestaciones. Cientos de personas se dieron cita para acompañar el cuerpo rumbo al sepelio en el Cementerio de San Fernando, cientos de coches y cientos de personas a pie. Juárez intuyó para que no se le acercaran políticos, exclusivamente amigos y familiares cercanos. Venían tiempos electorales y Juárez no deseaba que se mezclase tal acontecimiento con la política.
Guillermo Prieto dijo en el sepelio: “Es acaso posible que mueran las personas a quienes más amamos, pues que es posible que solo quede vibrante mi voz para caer como sombra de la muerte, como es posible para mi señora objeto de mi devoción por años y años, contemplar su muerte… como es posible… joya blanca azucena de su hogar modesto, mujer acariciada con los brazos de oro de la virtud y la fortuna”. Juárez palideció al momento de que el féretro descendía. Por semanas se habló mucho de esa ceremonia fúnebre. Juárez no fue a trabajar por una semana. Se habló del amor de Juárez por Margarita como un ejemplo a seguir.
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