El jueves pasado se presentó en la División de Ciencias Económico-Administrativas de la Universidad Autónoma Chapingo un importante trabajo de investigación, condensado en un libro que lleva por título: OCDE-FAO Perspectivas Agrícolas 2013-2022, coeditado por ambas instituciones y la UACh. Es la versión en español d...e una proyección del comportamiento de la agricultura en el mundo. Particularmente ha llamado mi atención el Capítulo 2, titulado “Alimentar a China: perspectivas y retos para la próxima década”, primero por el peso específico del país en materia agrícola y alimenticia: vive ahí la quinta parte de la población mundial, y segundo, por las experiencias que aporta. En China, la capacidad de compra de la población ha crecido, gracias a un creciente Producto Interno Bruto: en el año 2011 fue veinte veces mayor que en 1980; según el estudio, y con base en el índice de la producción agrícola neta de la FAO, en el mismo período el PIB agrícola se cuadruplicó. Y es sorprendente esta dinámica, pues mientras entre 1961 y 1978 (año de las reformas de Deng Xiao Ping) la producción agrícola per cápita, creció en 1.1 por ciento anual, en el período 1978-2011 lo hizo a un promedio de 3.8. En la última década, la tasa anual de producción agrícola de China duplica la media mundial. En el período, la producción cerealera aumentó en 93 por ciento; la de algodón se multiplicó por dos; la de oleaginosas por cinco y la de azúcar por cuatro.
Respecto a las causas de este impresionante desempeño productivo, está en el fondo un cambio estratégico ocurrido en 1980 y que la OCDE c aracteriza como paso de una economía centralmente planificada a una de mercado socialista; en agricultura se transitó del sistema de comuna s agrícolas al de agricultura de responsabilidad por contrato con base familiar. Más específicamente, se han conjugado como factores de éxito: primero, una mayor inversión: “La inversión neta real en bienes de capital agrícola se ha incrementado a una tasa con la tendencia de más de 9% anual, ya que el gobierno ha concedido una gran importancia a la mejora y modernización de los sistemas de producción agrícola… El poder de la maquinaria agrícola aumentó más de siete veces en las últimas tres décadas. La cantidad de tractores grandes y medianos, trasplantadoras de arroz y cosechadoras de maíz en 2012 fue de 4.9 millones, 5.1 millones y 2.3 millones, respectivamente. El nivel de mecanización de la siembra y la cosecha ha superado 55%, no sólo para el trigo, sino también para el arroz y el maíz… la infraestructura para el riego y la conservación del agua ha mejorado significativamente. Hacia 2011, el área efectiva de riego alcanzó 62 Mha, 37% por encima de 1978” (págs. 72-73).
En segundo lugar está un fuerte impulso a la ciencia y la tecnología: “La contribución de los avances científicos y tecnológicos en 2011 al crecimiento de la agricultura ha alcanzado 54.5%, el doble de 27% al inicio de la reforma rural. Algunas tecnologías agrícolas importantes han surgido gracias a los descubrimientos en tecnologías básicas como el arroz, el maíz y la colza híbridos, y el algodón transgénico anti-insectos. La cobertura de las variedades mejoradas de cultivos agrícolas está por encima de 95% en China. La ciencia y la tecnología agrícolas han aumentado la prevención de enfermedades en plantas y animales, y el control de plagas, lo que disminuye las pérdidas de cultivos y animales” (págs. 72-73). El tercer factor es una política de desarrollo agrícola orientada a: “…la conservación del agua para conseguir un uso sostenible de los recursos hídricos en los próximos diez años (2011)…; y sobre la transición a unidades de producción agrícola a gran escala por medio de la creación de grandes unidades de producción operadas individualmente, unidades de producción familiares, cooperativas y acuerdos contractuales entre los agricultores y las empresas (2013) (OCDE, 2013)” (pág. 74). Y así, no obstante la reducción en la superficie cultivada, la estrategia de desarrollo agrícola, enmarcada en el modelo económico general y con el impulso que éste le transmite, ha logrado un sostenido aumento en los rendimientos por hectárea; las tasas anuales de incremento han sido: trigo 2.3 por ciento, maíz 1.7; arroz y soya 1.2.
Pero, muy importante, en China no sólo aumenta la producción; también se distribuye más equitativamente que en los países del mundo capitalista occidental. Según la OCDE: “En términos reales, el ingreso anual per cápita de los residentes rurales en 2011 era 10 veces mayor que en 1978… El coeficiente de Engel (proporción de gastos destinada a la alimentación) para las familias rurales chinas se redujo de manera constante de 68% en 1978 a 40% en 2011…” (p. 76). Y dice en otra parte que: “Según el Banco Mundial, las tasas de pobreza en China han caído drásticamente, de 64% en 1992 a 12% en 2009. Los altos ingresos y el crecimiento de la producción agrícola han permitido a China reducir el número de personas desnutridas. Cuando se evaluaron los índices de desnutrición en 1990, se estimó que aproximadamente 254 millones de personas, o 21% de la población, estaban desnutridas.
A pesar de la adición de alrededor de 196 millones de personas a su población hacia 2010, el número estimado de personas desnutridas cayó a 158 millones o 12% de la población” (págs. 74-75). Finalmente, advierte que: “Desde 1978, la disponibilidad de calorías en China con respecto al promedio (proporción) de la OCDE se ha incrementado de 66% a 89%; para la ingesta de proteínas, la proporción ha aumentado de 53% a 90%” (p. 75).
Mucho podemos aprender de la exitosa experiencia de la economía china, y específicamente de su sector agrícola, que muestra una creciente eficiencia productiva, gracias a políticas de desarrollo eficaces; concretamente: fomentar la producción a gran escala, superando la estructura productiva fragmentaria; una mayor inversión en el sector; fomento a la investigación científica y tecnológica y a la innovación; aumento en la construcción de obras de infraestructura hidráulica y de comunicaciones.
Pero China no se limita fortalecer la producción: aplica políticas públicas orientadas hacia una mayor equidad distributiva, y ha dado lugar a un mercado interno cada vez más robusto, que permite un sostenido crecimiento del consumo y una mejora sensible en la alimentación de la sociedad entera.
