No aprendí mucho, perdón


 

No aprendí mucho en las escuelas de básico y normal a donde llegué como estudiante. Mas me acuerdo de cada uno de mis maestros. No olvido su actitud alegre ni sus nombres. Fueron excelentes, amigables, responsables, éticos y rotundos en sus afirmaciones. Todos ellos querían que fuéramos buenos ciudadanos, que valoráramos la amistad como bien supremo en las relaciones humanas, y que no tomáramos lo ajeno.
    Nos grabaron en la memoria como dogma que el Respeto al derecho ajeno es la paz. Bulliciosos e irreverentes  que éramos, le cambiábamos el final: “…es la conservación de los dientes”. No sé si lo lograron en todos. Otros dirán si lo lograron en mí.
    Digo que no aprendí mucho conocimiento y es cierto. Aprendí, claro, las vocales y consonantes, y a unirlas en palabras y enunciados: “¿Quién soy?, que ráfaga de luz me circunda. Habito en los piélagos. ¿Y esta oscuridad sublime?”  Y a leer para descifrar  los viajes de los tantos mundos donde habitan sueños y visiones. Aprendí apenas algunos elementos de la química: llegué como hasta el 25, diciéndolo como tonada como cancioncita: hidrógeno, helio, litio, berilio, boro, carbono, nitrógeno, oxígeno, etc. Aprendí unas canciones de Cri-Cri en la primaria y otras canciones populares en la secundaria y Normal.
    Aprendí ortografía, mas no con reglas ni reglazos, sino con memoria fotográfica en las lecturas. Aprendí a no hundirme en el agua por miedo a la amenaza de mi madre: si te ahogas, ya ves lo que te va a pasar. Aprendí atento a cruzar la calle. De Las tablas de multiplicar recuerdo que se me facilitaba la del 2, del 5 y la del 10. Aprendí a  no confiarme en la electricidad con sus polos, ni en el fuego a plenitud. Aprendí a trabajar para poder ganar y pagar lo que como, visto y leo. Aprendí que no había un cielo cierto ni infierno merecido. Que somos pequeños, menos que punta de aguja ante la inmensidad del universo.
    Que la rotación de la tierra influye ánimo cuando vierte la luz luego de la oscura noche. Que la luna es poesía pura al alcance de la mano, más allá del único satélite de la tierra. Que no sirve gobierno si abandona a un sólo ser humano, uno sólo.
    Mis maestros me han enseñado solamente a querer entrañablemente la vida, los libros y a sonreír. Ah, y a levantarme si caigo; y que al mal tiempo buena cara.

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