• La Verdad del Sureste |
  • Domingo 18 de Febrero de 2018

Shell Boy


Por Uriel Tufiño



@UTufigno

El laureado cineasta Guillermo del Toro se ha caracterizado por crear personajes sacados de la literatura o de su propia fantasía. Los ambientes en que se desarrollan las tramas imprimen un sello muy particular a sus filmes. Uno de ellos, Hellboy, obtuvo grandes elogios de la crítica especializada.
    Hellboy, basado en un cómic, cuenta la historia de un “demonio bebé” rescatado de la muerte por un científico norteamericano. Sin embargo, Hellboy es en realidad el fruto de la maldad de un místico ruso aliado con el ejército alemán, lo que no impide que con el tiempo trabaje al servicio del FBI y del científico que lo rescató. Vaya imaginación complotista del creador de la historieta.
    En la que ha sido la mayor licitación derivada de la reforma energética, la empresa petrolera Shell se adjudicó 9 de 19 bloques en aguas profundas, lo que provocó que uno de los miembros del presídium donde se dirigió la ronda, dijera –sin darse cuenta que tenía el micófono abierto-: “oye, Shell está cañón”. La asignación implica contratos por 35 años que podrían ser prorrogados hasta 50 años. Eso sí que “está cañón”.
    Royal Dutch Shell, nombre completo de la empresa, debe estar de plácemes. Hace algunos meses su director de desarrollo de negocios en México se complacía porque pronto iniciarían la operación de gasolineras. Y tenía motivos. Sostuvo que “México es el mercado de combustible más grande del mundo, donde es un orgullo participar”. Vaya, vaya, amor puro por la inversión y lo redituable de la misma.
    Con ese ritmo y apresuramiento para asignar los campos petroleros por parte del actual gobierno, no va a quedar nada para cuando lleguen los rusos a gobernar a través de Andrés Manuelovich. Y mucho menos va a quedar algo para Pemex, que aunque le dan “premios de consolación”, en poco o nada le ayudan.
    Hace 3 años Pemex todavía estaba dentro de las 10 empresas petroleras más grandes del mundo, pero hace 14 años extraía más barriles de petróleo que Shell, Petrochina, Petrobras, Chevron y Kuwait Petroleum, sólo por citar algunas de las más conocidas. Estas cifras demostrarían, fuera de todo margen de duda, que la reforma energética debió haber consistido en invertir en Pemex, en fortalecer la industria petrolera nacional.
    Los genios de la economía neoliberal que ven la amenaza rusa como se veía al “fantasma que recorre el mundo”, no escatiman sus esfuerzos en transferir la riqueza nacional para fortalecer las finanzas de las empresas que habían salido de nuestro país merced al decreto expropiatorio del presidente Lázaro Cárdenas.
    Hacia 1918 Shell adquirió la mayoría de las acciones de la empresa El Águila, que controlaba casi la mitad de lo que entonces era la industria del petróleo, posición que mantuvo durante los siguientes años gracias al acaparamiento de grandes extensiones de terreno en los estados colindantes al Golfo de México.
    Originalmente la empresa El Águila era propiedad del inglés Wheetman Pearson, quien se había convertido en contratista favorito de Porfirio Díaz para la realización de diversas obras públicas, como la construcción del ferrocarril de Tehuantepec. Pero como durante la obra encontró petróleo, cambió de giro con el visto bueno de Díaz, quien le otorgó una concesión petrolera por 50 años.
    Un mes antes de que se decretara el armisticio por la Primera Guerra Mundial, un empresario de la industria rusa del petróleo, empresario a quien apodaban “Mr. five per cent” (donde se ve que la inflación también afecta a la corrupción), se había acercado a Pearson para saber si la Royal Dutch Shell podía adquirir el control de El Águila. No era la primera vez que intentaban comprarla.
    Cien años después la historia se repite y la tecnocracia gobernante se alegra de haber hecho un gran negocio en la reciente ronda: “ha sido un gran avance en la consolidación de la reforma energética en México y una expresión clara de confianza en los plazos corto, mediano y largo”, dijo el Subsecretario de Hidrocarburos.
    Dichas palabras son muy similares a las que hace cien años se dijeron cuando Shell adquirió El Águila, y tan importante fue la operación comercial en ese entonces que “el Gobierno del Reino Unido tuvo que dar su bendición” para que pudiera continuar. Hoy no se necesitan bendiciones, sólo licitaciones.

 


Versión completa del documental "Esto soy" sobre la vida de Andrés Manuel López Obrador, producido por Verónica Velasco y Epigmenio Ibarra.

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