¿Fue la compra de votos la que definió las pasadas elecciones presidenciales en México? ¿Sólo fue el PRI el único partido que aplicó este mecanismo fraudulento para buscar el triunfo electoral? Éstas y otras interrogantes surgen en muchos ciudadanos al calor de los resultados de las pasadas elecciones en México. Lo cierto, amigo lector, es que en estas expresiones de la democracia mexicana, hay mucho que rascarle para encontrar las causas más hondas que explican el porqué de la existencia de la compra-venta de votos. Como es sabido, uno de los grandes genios del pensamiento económico e histórico-social, decía que lo que determina a lo que se denomina superestructura ideológico-política de la sociedad es la estructura económica de la misma. Son pues el conjunto de las relaciones económicas que prevalecen en cualquier sociedad, pasada, presente o futura, las que explican y determinan en última instancia los fenómenos ideológicos y políticos; explican también la existencia de las diversas instituciones políticas, religiosas, educativas, culturales, etcétera.
La democracia mexicana es sin duda alguna un resultado también de las relaciones económicas que prevalecen en estos momentos en el país. Tenemos un modelo económico basado en la producción de manufacturas, materias primas, productos agropecuarios, petróleo, étc. que en su mayor parte son producidos para la exportación; en este esquema los salarios de los obreros mexicanos son de los más bajos de los países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) -Esta organización internacional dio recientemente a conocer que en los últimos años los salarios de los obreros sudafricanos aumentaron al doble, los de los obreros costarricenses aumentaron el triple y el de los obreros chinos aumentaron al cuádruple, comparados con el crecimiento de los salarios de los obreros mexicanos-. Y también la OCDE ha dado a conocer que las jornadas más largas de la misma agrupación internacional están en nuestro país. Éstas son algunas de las razones del porqué México es un paraíso para los inversionistas nacionales y extranjeros, pues tienen a una gran masa de trabajadores que venden su fuerza de trabajo muy barata; pues esto les permite obtener tasa de plusvalía muy elevadas, lo que les permite acumular inmensas fortunas. Otro factor del abaratamiento de la mano de obra mexicana es el muy elevado índice de desempleo en el país, este desempleo es enmascarado por el llamado empleo “informal” en las cuales “trabajan” casi 14 millones de mexicanos (vendedores ambulantes, “limpiaparabrisas”, plomeros, albañiles, étc., étc.). Existe, por tanto, una gran masa trabajadora que constituye el ejército industrial de reserva, que es un factor decisivo para que la oferta de trabajo supere en mucho a la demanda del mismo. Bajos salarios, desempleo inmenso, un crecimiento de la pobreza en los últimos dos sexenios –según algunas fuentes serias- de 12 millones de mexicanos, sumando ya 85 millones, de los cuales la cuarta parte está integrada por los pobres que están en el rango de la “pobreza alimentaria”. Sí a esto le sumamos la muy mala calidad de la educación que hay en el país, la muy deficiente atención en la salud de la mayoría de mexicanos, étc., el hecho de que casi la mitad de la renta nacional la concentre apenas el 10 por ciento de la población, entonces el resultado es que millones de mexicanos constituyen el ejercito de reserva electoral de los partidos políticos, pues es tal su miseria, son tales sus apremios en comida, en ropa, en vivienda, en salud, étc. Y es tan mala su educación, su cultura, étc., que estos millones de pobres mexicanos constituyen la carne de cañón de la partidocracia en los periodos electorales, millones de mexicanos venden su voto para paliar momentáneamente sus necesidades.
Pero el voto no sólo se compra y se vende en épocas electorales; el voto es “comprado” mucho antes de llegar el día de las votaciones, pues para nadie es un secreto que los distintos partidos utilizan los programas asistenciales para mantener cautiva a su clientela electoral. Acaso no es cierto que la misma “izquierda” mexicana encabezada por López Obrador, tiene una muy bien enganchada “clientela” electoral en el Distrito Federal, la cual vota sin “rechistar” cada vez que hay elecciones “para no perder las ayudas o programas asistenciales”.
Son pues las condiciones de miseria, desempleo, mala atención en salud, educación de cuarta y quinta clase, étc., de la inmensa mayoría de mexicanos, la base material que permite que el voto sea “comprado” (y no sólo en esta recién realizada elección, también en las pasadas; además no sólo un partido lo practica, en realidad es un viejo hábito de toda la partidocracia mexicana).
Hay que cambiar la estructura económica que determina no sólo la compra de votos, sino otros fenómenos de la superestructura política de nuestra sociedad. La lucha del pueblo mexicano no debe ser por cambiar un partido por otro; no es por cambiar el rostro de los que engañan y manipulan al pueblo aprovechándose de su miseria e ignorancia; debe ser por cambiar esa estructura económica que hunde a millones no solo en el hambre, la insalubridad, la educación de mala calidad y de bajo promedio en la escolaridad general, en el desempleo que lleva a millones de jóvenes a la delincuencia, la inactividad y los vicios. Acabar con estas condiciones materiales de atraso y sufrimiento del pueblo, es acabar con la manipulación y es crear las condiciones para que haya un pueblo que no sólo pueda ejercer su derecho al voto verdaderamente libre, sino sobre todo para que en la sociedad haya una justa distribución de la renta nacional.