Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (diciembre 2018–septiembre 2024), la tasa de pobreza disminuyó sustancialmente: pasó de 36,3 % en 2022 a 32,2 % en 2024, lo que implica la salida de casi 10 millones de mexicanas y mexicanos de esa condición.
El factor principal de este progreso fue el aumento del salario mínimo, que se duplicó en términos reales y se triplicó en la frontera norte, impulsando a más de 11 millones de personas por encima de la línea de pobreza, según cálculos preliminares con datos de la ENIGH.
Además, la desigualdad se redujo: el decil más alto pasó de ganar 18 veces más que el más bajo en 2018 a 14 veces en 2024.
No obstante, las cifras revelan desafíos persistentes. La pobreza extrema apenas disminuyó: afectaba a 7,9 millones de personas en 2024, un descenso de solo un punto porcentual respecto al inicio del sexenio.
Además, unos 25,3 millones de personas perdieron acceso a servicios de salud, y el rezago educativo creció en 700,000 individuos, reflejo de problemas estructurales en educación y atención sanitaria.
Para medir la pobreza laboral, el Coneval reportó que en el cuarto trimestre de 2024, el porcentaje de personas con ingresos por debajo de la canasta alimentaria fue de 35,4 %, un aumento frente al 35,1 % del trimestre anterior, reflejo de la reducción del ingreso laboral real y una leve alza en la canasta básica urbana.
Con la reciente desaparición del Coneval y la transferencia de sus funciones al INEGI, expertos advierten riesgos en la falta de institucionalidad independiente para evaluar resultados sociales. Gonzalo Hernández Licona, exsecretario del Coneval, alertó sobre la pérdida de transparencia y rigor técnico en esa transición.