En el corazón del sureste mexicano, donde la naturaleza se entrelaza con la historia y la cultura, nace una visión arquitectónica comprometida con la identidad, el entorno y el futuro sostenible del estado de Tabasco. Esta visión es la de Fátima López Zacarías, Licenciada en Arquitectura Constructora, quien actualmente se encuentra desarrollando su tesis de maestría en Diseño Urbano Arquitectónico Sostenible, centrada en los elementos arquitectónicos verdes.
Desde muy joven, Fátima sintió que la arquitectura era más que una profesión: era una forma de expresión, una herramienta para comunicar, identificar y transformar espacios según las emociones, necesidades y contextos de quienes los habitan. Fue así como nació su vocación, al descubrir que podía interpretar los deseos del usuario final, traducirlos en configuración espacial y crear ambientes armónicos, confortables y funcionales.
A lo largo de su trayectoria, ha diversificado sus propuestas arquitectónicas y de interiorismo, incorporando criterios climáticos y regionales. Fátima ha aprendido a trabajar con el entorno, a observar la vegetación, la fauna y las formas arquitectónicas locales, para integrarlas con sensibilidad en sus proyectos. Sabe que los colores, la iluminación y los materiales adecuados no se eligen por estética únicamente, sino por su capacidad de dialogar con el clima, la historia y el uso del espacio.
En un contexto donde la arquitectura moderna tiende a enfocarse en lo estético y en lo monumental, ella ha levantado la voz para recordar la importancia de preservar la identidad urbana y cultural. Ejemplos como el Malecón o el Musevi en Villahermosa, ejecutados por despachos foráneos, son prueba del deseo por embellecer la ciudad. Sin embargo, Fátima defiende la necesidad de cuidar lo que ya existe: la arquitectura que cuenta historias, como la que habita el Parque Tomás Garrido y el Parque Museo La Venta, sitios que han sido punto de encuentro para generaciones de tabasqueños.
Estos espacios, junto con el Parque La Choca, han sido no solo centros de esparcimiento, sino también patrimonio emocional y cultural. Sus escalinatas, plataformas y taludes de concreto martelinado evocan las raíces prehispánicas y resaltan la riqueza natural del estado. Para Fátima, proteger estos hitos es preservar la memoria y el carácter del centro de Tabasco.
Por ello, propone que los grandes proyectos urbanos sean evaluados por la ciudadanía antes de ejecutarse, para evitar que lugares emblemáticos sean transformados en obras desconectadas del sentir popular, muchas veces condenadas al abandono y a la inseguridad por falta de mantenimiento y pertenencia.
Fátima también hace un llamado a sus colegas arquitectos: invita a reflexionar sobre el cambio climático y su impacto en el confort de los habitantes. En una tierra como Tabasco, donde la humedad intensifica el calor, considera vital el uso de tecnologías bioclimáticas, el estudio cuidadoso de la orientación solar y de los vientos, así como el aprovechamiento de materiales locales que impulsen también la economía estatal.
El compromiso de Fátima López Zacarías con su tierra, con su gente y con la sostenibilidad, la posiciona como una voz emergente e imprescindible en la arquitectura tabasqueña contemporánea. Su trabajo no sólo construye espacios, sino también conciencia, identidad y futuro.